martes, 24 de noviembre de 2015

Abrahán vino a ser llamado “amigo de Jehová” (Sant. 2:23).

Jehová se refirió al patriarca y antepasado de los israelitas como “Abrahán, mi amigo” (Is. 41:8). En 2 Crónicas 20:7 también se llama a Abrahán amigo de Dios. ¿Por qué pudo aquel hombre fiel disfrutar de una amistad duradera con su Creador? Por su fe en él (Gén. 15:6; Sant. 2:21-23). Al igual que Abrahán, cuanto más conozca usted a Jehová, más fuerte será su fe en él y más profundo el amor que le tiene. Recuerde el momento en que descubrió que Dios es alguien real con quien puede cultivar una relación estrecha. Cuando supo que Dios entregó a Jesús por nosotros y puso fe en ese sacrificio, comenzó a cultivar una amistad con él. Al mirar atrás, hacemos bien en preguntarnos: “¿Es cada vez más estrecha mi amistad con Dios? ¿Confío en él con todas mis fuerzas? ¿Aumenta cada día el amor que le tengo?”. w14 15/2 4:3-6


sábado, 21 de noviembre de 2015

Oh Jehová, tú eres nuestro Padre. Nosotros somos el barro, y tú eres nuestro Alfarero; y todos somos la obra de tu mano (Is. 64:8).

Un alfarero puede dar al barro la forma que desee, y el barro no tiene control sobre ello. Lo mismo pasa con la relación entre el hombre y Dios. Así como el barro no puede cuestionar lo que el alfarero hace con él, tampoco nosotros tenemos derecho a decirle a Dios cómo debe moldearnos (Jer. 18:1-6). Jehová demostró con el antiguo Israel que puede hacer lo que un alfarero hace con el barro. Sin embargo, hay una notable diferencia. Un alfarero puede crear con un pedazo de arcilla el tipo de vasija que se le antoje. Pero ¿moldea Jehová caprichosamente a los hombres o las naciones, haciendo a unos buenos y a otros malos? La Biblia responde que no. Jehová le ha regalado a la humanidad algo muy valioso: el libre albedrío. Y él no ejerce su soberanía de un modo que anule ese regalo. Por eso, para que los moldee según su propósito, los seres humanos deben desearlo (Jer. 18:7-10). w13 15/6 4:3, 4